domingo, 20 de febrero de 2011

AL BORDE DEL ABISMO


Toda su vida pasaba ante sus ojos, todos sus deseos yacen ya muertos, a un paso escaso del tremendo vacio infinito.   El remordimiento de aquel accidente disminuía aun más sus pocas ganas de vivir y su gran deseo de abandonar este mundo de una vez y dejar de sufrir.

Aquella cálida noche de agosto todo parecía perfecto. La fiesta del pueblo costero adquirió una magia especial con la luz de la luna llena. El ambiente era increíble, la música y las risas entre los amigos se entrelazaban sin parar.
Todo invitaba a seguir disfrutando del momento. Las cervezas se bebían con gran facilidad y la sensación de bienestar era total.
Pero la hora de regreso a casa se aproximó. El conducía su coche nuevo pero el recorrido de vuelta era largo. En el asiento del copiloto se sentó su mejor amigo, eran amigos desde la infancia juntos compartían los secretos mejor guardados.
En la parte de atrás se encontraban otros dos amigos de la cuadrilla. Durante los primeros kilómetros la música en el coche y los comentarios sobre la fiesta ayudaron a mantenerse despiertos a todos sus ocupantes.
Al transcurso del tiempo el cansancio empezó a apoderarse y sus amigos cayeron  rendidos en un profundo sueño. Una fina cortina de lluvia empezó a caer sobre el asfalto y casi parecían flotar en el aire las gotas de lluvia.
Para él era una carretera nueva y desconocida. El pilotaba con destreza su vehículo pero sentía como se apoderaba de él el cansancio. Empezaba a aparecer el temido fantasma del sueño al volante. Los ojos picaban y se cerraban; demasiado tabaco y alcohol.
Cada curva suponía un esfuerzo de concentración y habilidad. Los focos de los vehículos que venían de frente impactaban en sus pupilas como si fueran rayos laser.
El último tramo de carretera era una gran autovía se podía aumentar la velocidad, las ganas de llegar también aumentaban y se anhelaba con gran deseo la cama.
Tan solo unas décimas de segundo y el sobresalto se instaló en su alma, se había dormido, el vehículo ya sin control fue dando trompicones fuera de la carretera.
Lo que era un juego fácil se había convertido en una angustiosa aventura por dominar el vehículo que no respondía a sus órdenes, inclinándose de forma peligrosa sin la menor posibilidad de volver a estabilizarse.
Tras varias vueltas de campana, todo cesó, el vehículo se detuvo. La cabina estaba irreconocible el oía pero no podía actuar; a lo lejos ruido de sirenas, frío intenso… todo se desvanece.
Al cabo de dos meses despierta de un intenso coma, estaba confuso y apenas recordaba lo sucedido. Pero pronto sentirá como un dolor inmenso e indescriptible se instalará en su alma al saber que sus amigos murieron aquel fatídico día.
Comenzaba a recobrar memoria y aumentaba el gran peso de su culpabilidad. Todo esto lo sumergió en una gran depresión.
El suceso lo arrastró a lo alto de la torre del hospital; se situaba en una repisa al borde del vacío, el ruido monótono del tráfico en la profunda garganta de la gran avenida. Ni tan siquiera se necesitaba impulso, dejar inactiva la tensión del cuerpo y lanzarse al vacio sería suficiente.
No pensó más, ni en la gente que circulaba allá abajo ni el porqué de su triste existencia, ni en el giro que daría todo su entorno… Se acabó: breve vértigo, vacio en los sentidos, ¡descanso eterno por fin!      

   


lunes, 10 de enero de 2011

¡HASTA PRONTO FRAN!

Nunca podré olvidar el tiempo que compartí con el. Solo podía decirme a mí mismo que no podía ser verdad lo que me estaba sucediendo, tenía que ser una pesadilla. 
Mientras miraba el cuerpo de Fran me golpeaban todos los recuerdos.
            Por cierto me llamo José y tengo quince años. Vengo del funeral de mi mejor amigo.
            Sabía que últimamente no andaba bien, pero no encontró la mejor solución. No tenía ganas de hablar, yo intentaba que lo hiciera pero fue imposible.
Andaba muy deprimido y no quería presionarle más. Tenía muchos problemas en casa y con las drogas. Los estudios los fue abandonando, apenas acudía a clase y la mayoría de veces terminaba haciendo pira.
Se adentró con fuerza en el mundo de las drogas, era una manera de olvidar sus problemas.
Últimamente, no calculaba bien la dosis y los desfases eran tremendos. Por otra parte era ya mucho el dinero que debía.
            Mañana iba a ser su cumpleaños. Yo tenía preparado su regalo; pero ya no tiene importancia.
Le fascinaba la música y había comprado una camiseta de su grupo favorito “Iheskide”. Pero ya nunca llegará su cumpleaños.
            Todo comenzó hace un año. La muerte de su hermana mayor le afecto de una manera traumática. Su hermana Ana era como su segunda madre. Era muy joven cuando murió, tenía tan solo 23 años.
            Hace tres años Ana decidió viajar con una ONG a África para ayudar a los niños necesitados.
Fran le echaba mucho de menos y los problemas en casa eran cada vez mayores. Sus padres no hacían más que discutir y Fran sufría por las lágrimas de su hermana pequeña Noelia, que tan solo tenía 5 años.
            Cuando Ana estaba encasa tenía la habilidad de tranquilizar a sus padres; pero Fran se sentía impotente ante dicha situación. Necesitaba hablar con Ana, pero las comunicaciones con África eran muy escasas.
Ana regresó a casa y Fran apreció algo extraño en ella. Su color era muy pálido y su aspecto débil. 
Tras numerosas pruebas, le diagnosticaron malaria. Sus últimos meses los pasó en casa y se despidió diciéndole a Fran que se llevara bien con su madre y que cuidara de su hermana pequeña.
Fran era un tipo duro pero afloraba su sensibilidad con frecuencia. Tras la muerte de su hija mayor, su padre siempre llegaba borracho a casa. Las discusiones aumentaban a medida que transcurría el tiempo.
Su pobre madre no podía más; Fran se sentía cada vez más triste y se sumergía en una gran depresión.
A partir de entonces se convirtió en una persona con grandes silencios.
Al cabo de un año de la muerte de la muerte de su hermana, su madre se divorció de su padre.
            Yo me encontraba en Londres cuando esto sucedió; pero nada más llegar quedamos para pasar un rato juntos. Me contó lo sucedido y lo mal que se sentía.
Todos los días nos llamábamos, pero cuando llegó el sábado la llamada de Fran empezó a demorarse.
            De pronto el móvil sonó, ponía Fran en la pantalla pero nada más contestar comprobé que no era una mujer la que hablaba.
Era su madre nerviosa, quería saber donde se encontraba Fran.
            Salí de casa corriendo y me dirigí a donde muchas tardes nos refugiábamos para hablar. No podré olvidarlo nunca. Miré por los alrededores pero no se encontraba allí.
Descendí por un pequeño sendero y cuando me di cuenta ya había recorrido más de veinte metros. De pronto creí ver un cuerpo y mi corazón comenzó a latir a gran velocidad.
¡Fran nooo…! Estaba claro que Fran había decidido acabar con su vida.
Ya nada será lo mismo sin él. Siempre permanecerá en mi corazón. Con la viva esperanza de volver a reencontrarnos en el más allá.

¡HASTA PRONTO FRAN!